AMOR QUE NUNCA MUERE

                                                         EL COMIENZO

 Amelia y Jake nacieron con un mes de diferencia en una gran ciudad. Sus madres y padres eran de distritos cercanos.  Amelia era la primera hija de la pareja Viale y luego tuvieron tres hijos más. Sus padres trabajaban duro para salir adelante.

 Por otro lado, Jake era el tercero de cuatro hermanos. Sus padres tenían una mejor condición económica. Ambos provenían de familias ricas, pero no eran muy unidos.

 Amelia fue una sorpresa para sus padres. No se sentían preparados para ser padres aún, pero aceptaron el reto y fueron muy buenos padres para Amelia y sus hermanos.

 Jake no fue una sorpresa pero sus padres tampoco estaban muy ansiosos por su llegada. Ya tenían el número de hijos que querían pero igualmente fueron buenos padres para todos sus hijos.

 La historia de Amelia y Jake comienza cuando tenían 5 años y se conocieron en el kínder. Desde el primer día, ambos se llevaron muy bien. Amelia era tímida y Jake era un poco más amistoso y atento.

 A la hora de la merienda, siempre se sentaban juntos y aunque no hablaban mucho se sentían felices. Compartían sus meriendas y jugaban juntos.

 Cada día se hacían más unidos. Los padres de Jake no podían ir a todas las actividades escolares de Jake porque tenían que cuidar a sus otros dos hermanos y algunas veces incluso llegaban tarde a recoger a Jake. Cuando esto sucedía, Amelia y sus padres le hacían compañía.

 Al final del año, se despidieron y no sabían a qué escuela irían. Amelia extrañaría a su mejor y único amigo. Jake siempre recordaría a la niña que lo hizo sentir importante.

 Al año siguiente, Amelia fue a un colegio muy bueno, pero su timidez volvió a aislarla de todos. El primer día y todos los primeros días de cada semana y cada mes, esperaba ver a Jake aparecer por la puerta, pero nada, él nunca aparecía.

 Amelia se sentía sola y triste y su mamá empezaba a preocuparse. Ya no era la misma del año anterior, cuando siempre llegaba con una sonrisa en el rostro y un gran apetito. Ahora era una niña callada y casi no sonreía.

 Jake iba a la escuela a la que asistían sus hermanos mayores. Ellos eran felices, pero Jake no se sentía importante. Jake sentía que todo el protagonismo lo tenían sus hermanos y él pasaba inadvertido.

 Esa fue su vida por un año.

 Al año siguiente, Amelia no tenía muchas ganas de ir al colegio. Pasó todo el verano pintando y escribiendo cualquier cosa porque quería tener la linda letra de su papá. No quería ni pensar que al terminar el verano volvería a la escuela. Amelia no tenía idea que ese año su vida volvería a cambiar y sería feliz nuevamente.

 Por otro lado, los padres de Jake se dieron cuenta que él no era el mismo. Andaba callado y triste. Ya no era el niño que se levantaba muy temprano y apuraba a su mamá para que lo lleve al kínder. Todo el año había estado aprobando los cursos con notas muy bajas y ya no quería ir al colegio.

Las cosas tenían que cambiar. Los hermanos mayores de Jake siempre tenían buenas notas y los profesores siempre los felicitaban, pero al mismo tiempo siempre reclamaban que Jake no fuese como sus hermanos. Sus padres se sentían avergonzados cada vez que los profesores los citaban para hablar del rendimiento de Jake. Así que tomaron la decisión de cambiar a Jake de colegio.

Buscaron y buscaron hasta que encontraron un buen colegio y que tenía un buen nivel, aunque no era de la categoría del colegio dónde estaban sus otros hijos.

 Al término del verano Jake iría a otra escuela.

 Jake no sabía si sentirse feliz o triste, simplemente vería lo que sucedería al estar lejos de sus hermanos y en un lugar totalmente diferente en el que estaría solo. No sabía qué esperar. Solo tenía sentimientos encontrados que lo tuvieron muy inestable durante el verano. Disfrutaba poco de los paseos al campo o a la playa con su familia. Y además de todo eso su mamá estaba esperando otro bebé. Quizá iba a ser ahora menos importante de lo que ya era para sus hermanos y sus padres.

 EL REENCUENTRO

 Era mediados de los 70s y se acercaba el primer día de clases en los colegios de la ciudad.

Amelia, se preparaba para volver a sus clases. Por una parte, sin muchos ánimos y por otro lado mantenía la ilusión de que quizá esta vez volvería a ver a su amigo Jake.

Jake estaba tenso, triste y con un poco de temor por no saber a lo que se enfrentaría en la nueva escuela.

 Los padres de ambos niños pasaron todo un fin de semana buscando y comprando todos los útiles y uniformes necesarios para el colegio de sus hijos. No se habían mantenido en contacto porque luego del kínder tomaron rumbos diferentes.

Mediados de febrero y la ansiedad de Amelia y Jake se incrementaba. El calor en su ciudad era insoportable. Jake y sus padres vivían cerca a la playa así que para ellos ir a divertirse en el mar no era nada fuero de lo común. Sin embargo, para Amelia y su familia ir a la playa implicaba prepararse con anticipación, tomar un bus y luego de poco más de 1 hora finalmente llegar y tratar de encontrar un lugar en el que se ubicarían para tomar un poco de sol.

Podría pensarse que Jake y Amelia se encontrarían en la playa, pero las playas de la ciudad eran tan concurridas que si no iban juntos no había posibilidad de encontrarse.

Se acercaba cada vez más el inicio del año escolar y los últimos ajustes a los uniformes se terminaban. Los cuadernos y libros ya estaban forrados y etiquetados. Todo estaba listo.

Finalmente llegó el primer día y todos salían apurados y con las mochilas pesadas. Los buses, autos particulares y taxis desfilaban llenos de escolares; algunos felices, otros preocupados y otros llorando. La misma imagen año tras año en las calles de la ciudad.

Amelia y su hermano que vivían cerca al colegio llegaron pronto y entraron para ubicarse en la columna que les correspondería este año. De a pocos iban llegando los demás.

Todos los alumnos fueron llevados a sus aulas y los profesores se presentaron y presentaron a los alumnos nuevos.

 Había pasado la primera hora de clase y todos estaban resolviendo problemas de matemáticas, cuando la profesora pidió que los alumnos pausaran su trabajo un rato y dieran la bienvenida a un alumno nuevo. Les pidió que fueran amables y colaborasen con él porque era un poco tímido.

Amelia sentía que el corazón se le aceleraba y quería saber de quién se trataba. Finalmente la profesora dijo el nombre del niño al mismo tiempo que éste entraba al aula. Era Jake. Amelia no podía creer lo que veían sus ojos. Su único amigo. Al que esperó por un año y por el que lloró todo el año a escondidas de sus padres. El amigo que la hizo sentir bien a pesar de su timidez, porque él la entendía y era bueno y paciente con ella.

Al entrar al aula Jake se sintió intimidado con las miradas curiosas de todos, su cabello ondulado todavía estaba húmedo y peinado a la fuerza por su mamá. Sus rulos eran rebeldes y apenas se secaban formaban una linda canasta.

 Luego de recorrer rápidamente el aula con sus ojos verdes y vivaces vio a Amelia y sintió que sus ojos iluminaron toda la habitación y le volvió el coraje y seguridad.

Jake y Amelia esperaban el recreo para poder conversar y ponerse al día con los eventos de sus vidas en el año que no se vieron.

                                    RETORNO A LA NORMALIDAD

Los profesores que habían tenido en sus cursos a Amelia el año anterior notaron un gran cambio.Ya no era la niña callada y tímida ahora era confiada y más participativa.

 Los padres de Jake y Amelia se volvieron a encontrar a la hora de recoger a los niños y estuvieron muy contentos de ver que los niños estaban juntos y felices nuevamente.

Así pasaron los días, las semanas, los meses y el año. El rendimiento de los dos niños era muy bueno. Los profesores felicitaron a los padres de ambos por haber estado entre los primeros puestos.

Jake y Amelia eran inseparables. Hacían las tareas juntos durante el recreo mientras compartían la merienda. Jugaban juntos todo el tiempo.  Andaban juntos en los paseos escolares. Se cuidaban el uno al otro.

Los otros niños se dieron cuenta de lo unidos que eran y algunos estaban felices con ellos pero otros envidiaban esa relación y hacían de todo para separarlos, pero nunca lo lograban. Ellos eran fuertes juntos y no dejaban que nada ni nadie los hiciera sentir débiles o tristes.

                                       FIN DE LA PRIMARIA

 El último año de primaria marcó el fin de una linda etapa de la vida de Amelia y Jake.

Se dieron cuenta que algo más que amistad los unía. Sentían algo más fuerte y profundo pero no se atrevían a decirlo. Eran muy jóvenes para decir “Te amo”. Sabían que era amor y querían conversarlo con alguien mayor, pero los padres de ambos se burlarían de sus sentimientos y dirían que eran tonterías. Ya había sucedido en otras circunstancias con lo que decían u opinaban. Solo se tenían el uno al otro para todo lo bueno y malo que ocurriese en sus vidas.

 El siguiente año sería el inicio de una nueva etapa. Además de la adolescencia tendrían que enfrentar nuevos retos y nuevas situaciones que los harían ver la vida de una manera diferente y que los marcaría para siempre.

                                     CAMBIO RADICAL Y SEPARACIÓN

Los padres de Amelia decidieron viajar a otro país de un momento al otro y no le dieron tiempo a Amelia de despedirse de nadie porque ocurrió durante las vacaciones de verano.

Amelia se sentía devastada. Le habían roto el corazón y arrancado una parte importante de su felicidad.

El siguiente año escolar empezaría y no sería para nada bonito. No solo estaría lejos de Jake en otro país sino que además no sabía el idioma. Una tragedia en su corta vida.

 En ese momento, Jake no tenía la más mínima idea de lo que sería el primer año de la secundaria. Sería probablemente una etapa complicada y que además tendría que enfrentar solo, sin el apoyo y la fuerza que le daba Amelia, sólo con su presencia.

                                    PRIMER DÍA DE CLASES EN LA SECUNDARIA

 Para Amelia sería un reto. Para Jake una muy triste sorpresa.

 Jake llegó al colegio temprano y entró corriendo para buscar a Amelia y no la encontró.

Preguntó a los demás compañeros si sabían algo y ninguno pudo contestar. Tomó valor y fue a hablar con la directora. La directora le informó que Amelia no estaría ese año porque había viajado a otro país con sus padres.

Jake se sintió muy triste con la noticia. Su amiga de toda la vida, su primer amor le había sido arrebatado. ¿Podría reponerse?

Amelia se levantó temprano y fue a su nueva escuela. Al entrar se quedó parada cerca de la puerta. Quería escapar, coger un avión y volver al lado de Jake.

En ese momento vio acercarse a ella un grupo de chicos que habían escuchado que una extranjera había llegado a su escuela y salieron a darle la bienvenida. Fueron muy amistosos y amables. Le hicieron un tour de toda la escuela y la acompañaron a su aula. Todos eran sus compañeros de aula.

Amelia se sentía acogida, pero esa cálida bienvenida no podía hacerla olvidar que Jake no estaría allí. Su primer amor no estaría con ella en esta nueva etapa que iniciaba.

                                          SEPARADOS Y…

Pasaban los días y las semanas y ninguno de los dos agarraba el impulso necesario y las notas demostraban que no estaban bien.

Los padres de Amelia culpaban al cambio de país por el lento arranque y no se preocupaban mucho.

Los padres de Jake sabían que Jake estaba apagado y no rendía como antes porque estaba alejado de Amelia y no tenía noticias de ella.

Jake recordó que la mamá de Amelia era muy amiga de la mamá de una compañera de la otra sección y le rogó a su compañera para que consiga la dirección de Amelia en el otro país.

 Jake juntó sus propinas y se propuso escribirle una carta cada semana a Amelia.

 Cuando Amelia recibió la primera carta de Jake, casi se cae sentada de la sorpresa y emoción. La leyó veinte veces al menos y empezó a contestarla inmediatamente.

Al comienzo, las primeras cartas eran de dos amigos contándose las eventualidades de cada semana en sus diferentes escuelas.

Con los meses, las cartas dejaban notar un poco más de cariño del uno por el otro. Los sueños que compartían eran siempre con ellos juntos en viajes y aventuras futuras.

A Amelia la perseguían algunos de los chicos más atractivos de la escuela, pero ella era fiel a sus sentimientos por Jake y no dejaba que nadie la distrajera.

A Jake también le pasaba algo parecido, se había convertido en un chico muy atractivo y las chicas morían por estar a su lado, pero él también era fiel a sus sentimientos por Amelia.

Así pasaron tres años y ya las cartas eran románticas y con planes de compromiso y matrimonio en unos años, justo cuando terminasen sus estudios. Jake graduándose de oficial de la marina y Amelia graduándose de veterinaria.

                                      REGRESO Y REENCUENTRO

Cuando los padres de Amelia se separaron, la mamá decidió regresar al país. Al mismo tiempo los padres de Jake estaban pasando por situaciones complicadas pero no pensaban separarse.

 Se volvieron a encontrar en el colegio y andaban juntos siempre. Iban al cine y a las reuniones juntos. Todos se habían acostumbrado a verlos abrazados o de la mano por todos lados.

 En el último año de secundaria, ambos se estaban preparando. Jake para postular a la marina y Amelia para estudiar medicina veterinaria en la universidad.

 Los meses fueron pasando y por alguna razón Jake y Amelia se fueron separando. Ya no pasaban tanto tiempo juntos, ni se llamaban por teléfono tan seguido.

Cuando se juntaban algunas veces no tenían tema de conversación y comentaban del clima y trivialidades.

 ¿Qué ocurrió? ¿El amor murió?

                                     ¿DIFERENTES CAMINOS?

Jake ingresó a la marina y Amelia ingresó a la universidad.

Ambos se dedicaron por completo a sus carreras y lo que había existido entre ellos estaba adormecido. El amor estaba en coma. Se había enfriado. Y no sabían cómo revivirlo. Así que siguieron con sus vidas por separado.

 Jake se hizo oficial y comenzó a viajar por el mundo. En cada puerto buscaba enamorarse, pero no lo conseguía. Todas las chicas que conocía no lograban llenar su corazón de alegría. No tenían esos ojos capaces de iluminar una habitación. Tampoco tenían ese cabello negro rizado que cae sobre los hombros como una catarata y que tanto le gustaba de Amelia. Buscaba a Amelia por todos lados aunque no lo quería aceptar. Se decía a sí mismo que el amor de la adolescencia había sido solo una ilusión y que no había sido real. Creía que el amor de verdad todavía no lo encontraba.

 Amelia por su lado, se había graduado con honores de veterinaria y había sido invitada a trabajar para una fundación importante que en conjunto con varias ONG protegían a varios animales en peligro de extinción en África.

Amelia estaba fuera del país por seis meses. Regresaba y luego de tres meses se volvía a ir. Vivía una vida haciendo lo que le gustaba, pero sentía que estaba incompleta. Los animales que rescataba, curaba y cuidaba eran falsos sustitutos de un amor tan fuerte como el que vivió en su adolescencia. Nunca más sintió latir su corazón tan fuerte como lo hizo por Jake.

                                         Y LOS AÑOS PASARON

Así pasaron 15 años desde que terminaron la secundaria y sus vidas tomaron rumbos diferentes. Estuvieron tan absortos en sus respectivos trabajos que ni se dieron cuenta de lo rápido que habían pasado los años.

Estuvieron varias veces en la ciudad al mismo tiempo pero no se vieron ni se buscaron porque solo andaban de pasada y no querían hacerse daño al no poder retomar lo que habían dejado inconcluso muchos años atrás. No era el momento. No era posible.

Jake sufrió un terrible accidente y tuvo que retirarse de la marina pero se hizo instructor en la escuela naval. Estar en la ciudad lo hizo sentir nostalgia de los años en los que él era el cadete, el alumno que ponía todo su empeño para ser el mejor. El cadete que no quería distraerse con sentimientos, que él pensó eran inútiles en esos momentos y puso un muro en su corazón. Las mujeres que pasaron por su vida ni arañaron ese muro.

Amelia dejo de viajar y puso una clínica veterinaria en la ciudad. Ahora se dedicaría a hacer lo que le gustaba cerca a su familia. Quería disfrutar de cada momento disponible con sus padres y sus hermanos. Su mamá estaba un poco delicada de salud y ella quería ser quien la cuidara.

Amelia también había puesto de cierta manera un muro en su corazón. No creía que sería capaz de amar otra vez y no se preocupó nunca por derribar ese muro.

                                 LAS CIRCUNSTANCIAS

Una mañana fría de invierno. Amelia estaba trabajando como siempre y llegó a la clínica un perro pastor alemán que había caído de un tercer piso y tenía al parecer dos patas rotas.

Amelia terminó la cirugía que estaba realizando y salió de inmediato a atender al perro herido.

Quedó estática al ver quién era el dueño del perro. Era Jake, su amor de la adolescencia. El único amor que conoció.

Se acercó, tomó al perro y lo llevó a la sala de operaciones. No cruzó palabra con Jake. Solo lo miró con esos ojos que lo derretían y se perdió. Jake solo dijo, “Por favor sálvalo” y cayó con fuerza y entre lágrimas en una silla cercana.

La operación duró tres horas. Requirió placas de metal y clavos en las patas rotas. Era una operación costosa pero Jake estaba dispuesto a hacer todo lo posible por tener a su perro como antes. Ese perro había sido su compañía y mejor amigo desde el accidente y lo había ayudado a salir de la depresión en la que cayó luego de retirarse y sentirse solo y sin amor. Sus padres habían fallecido y sus hermanos no eran muy unidos a él. El sentía que su única familia era su perro.

Luego de la operación, Amelia salió y le dio la noticia de que “Koa” estaría bien y que solo había tenido las lesiones de las patas. Koa debería quedarse en la clínica por una semana y luego lo podrían llevar a casa nuevamente pero debería asistir a terapia física tres veces por semana durante tres meses. Esto último, ponía un poco nerviosa a Amelia porque tendría que ver a Jake seguido.  

Jake estaba muy agradecido con Amelia y ese mismo día la invitó a cenar. Amelia no sabía si aceptar o no y le dijo que ella le avisaría a la hora que estuviese libre.

La verdad es que moría por decir sí, pero al mismo tiempo temía salir herida nuevamente. Todos esos años de soledad habían dejado en ella una gran inseguridad y desconfianza. Amó a Jake y lo seguía amando, pero no sabía si él sentía lo mismo.

Jake la invitó a cenar por impulso. Él la había amado con todo su corazón y la seguía amando. Temía estropear todo, pero de todos modos se arriesgó.  No podía creer que el destino los volviera a unir en circunstancias tan adversas y tristes.

PONIÉNDOSE AL DÍA 

Amelia aceptó la invitación a cenar de Jake y decidieron encontrarse en el restaurante.

Cuando Amelia llegó al restaurante, Jake ya había llegado.

Jake estaba vestido con terno azul y camisa celeste que hacían resaltar su cabello rubio y crespo y los grandes y dulces ojos verdes que habían atraído a Amelia desde un primer momento.

Amelia llevaba puesto un vestido rojo y botas negras. Su cabello ondulado caía como una cascada sobre su blancos y delicados hombros. Miró a Jake y sus grandes ojos verdes la hicieron estremecer, así como lo hacían siempre. Amelia respiró hondo y pensó, ¿Qué me pasa? Ya no tengo 15 años. Qué tontería. Esto no es lo que parece.

                                             RECUERDOS

Cuando estaban sentados frente a frente, pidieron la cena y se quedaron sin palabras por unos minutos. Era como si estuviesen conversando sin palabras.

 Cuando por fin decidieron hablar, se interrumpieron el uno al otro por hablar al mismo tiempo. Empezaron a reír y no podían parar. 

Finalmente, Jake empezó la conversación agradeciendo a Amelia por salvar y cuidar a Koa. Amelia, simplemente dijo que era su trabajo. Ambos se miraron y sin pensarlo se cogieron de las manos. Permanecieron así por varios minutos, sin decir nada, solo mirándose a los ojos mientras se cogían de las manos. 

Luego de interminables 10 minutos,  ambos por fin tuvieron el valor de hablar de sus sentimientos. Aunque sentían sus corazones latir como si se fuesen a salir de sus pechos, no les fue fácil admitir que aún se amaban. 

Ahora de adultos sentían que lo que los uniría para siempre era ese primer amor que encontraron el uno en el otro cuando eran niños. 

RECUPERANDO EL TIEMPO PERDIDO 

Decidieron dar una oportunidad a sus sentimientos y empezaron un romance que quizá los llevaría al altar y a la felicidad que ambos merecían.
 
Salían a bailar , a pasear por el malecón que tantas veces recorrieron solos pensando el uno en el otro. Salían a cenar y al cine. Hacían todo lo que no hicieron cuando eran adolescentes.
 
Todos los que los veían juntos decían que eran la pareja perfecta. Cuando estaban juntos el mundo parecía no existir, era como si flotasen libres en un mundo que no conocía de amarguras, desengaños, tristezas o maldad. Era como si todo fuese lindo y lleno de felicidad.

                         POCO MÁS DE UN AÑO MÁS TARDE

Los preparativos para la boda iban de acuerdo con lo planeado. Sería una boda en primavera. En una playa al norte del país.
Sería una ceremonia sencilla con un gran arco cubierto de flores y sillas para los invitados. Los invitados serían ambas familias y algunos pocos amigos cercanos.
El vestido sería muy ligero, sandalias sin tacón y una tiara de flores. Él usaría su uniforme blanco. Los invitados también usarían ropa clara.
 
La ceremonia fue preciosa. Ambos lucían radiantes y proyectaban una felicidad total.
 
Finalmente, encontraron la felicidad que por muchos años y circunstancias diversas no habían sido capaces de alcanzar.
 
Su luna de miel sería en una montaña con una cabaña en el centro de un pequeño bosque.
 
                            DE REGRESO A LA REALIDAD
 
Al regresar de la luna de miel , ambos volvieron a sus respectivos trabajos. Eran felices y todos lo notaban. La mayoría de las noches Juan recogía a Rosa de la clínica, iban a cenar y luego a casa.
 
Era una rutina que matizaban con salidas al cine o a bailar o simplemente caminar y conversar. Nunca se aburrían de conversar y reír juntos. Era un sueño hecho realidad.
 
Siempre contaban el uno con el otro para todo. Incluso en los momentos difíciles en el trabajo. Jake siempre estaba allí para consolar y apoyar a Amelia y ella por su parte no dejaba de elogiar el trabajo que hacía Jake con los cadetes.
  
                                        5 AÑOS DESPUÉS
 
Con el pasar del tiempo, el amor que sentían el uno por el otro iba madurando y seguía fuerte como al inicio. Empezaron a pensar en una familia. Sus trabajos estaban avanzando de manera segura. Tenían todo lo que necesitaban. Su vida era perfecta y ya era momento de compartirla.
 
Tres meses después de decidir empezar una familia Amelia salió embarazada.
 
Jake estaba tan feliz que no creía que fuese realidad. Amelia se cuidaba cuando estaba en el trabajo para que nada le sucediese a su bebé. Ambos estaban muy entusiasmados con el embarazo.
 
En el verano del siguiente año, tuvieron un bebé saludable y muy bueno. No tenían nada más que pedir a Dios. Él los había bendecido con Marco. Un bebé perfecto.
 
                                            MARCO
 
Marco tenía los ojos verdes de Jake y el cabello negro y rizado de Amelia. Siempre estaba sonriente y dispuesto a jugar. Era muy inteligente desde bebé. Aprendió a hablar temprano y era muy creativo. Más que juguetes tecnológicos prefería la arcilla y los bloques. Disfrutaba crear personajes e historias.
 
A los 7 años, ganó un concurso de historias creativas en arcilla y a los 10 años, su primer premio en un concurso de cuentos de navidad.
 
Amelia y Jake estaban orgullosos y maravillados con los logros de Marco. Ambas familias apoyaban de diferentes maneras la creatividad de Marco.
 
Mientras crecía, Marco, iba desarrollando sus habilidades literarias, pero nunca dejó de lado su parte artística. Participaba en cuanta exposición había y también ganó muchos premios en escultura.
 
Al terminar la escuela, decidió que quería estudiar arte y literatura en Europa y sus padres hicieron todo lo posible por cumplir sus sueños. Marco era tan bueno en ambos que todos los premios que había recibido lo calificaron para estudiar becado en España.
 
Marco viajó a Europa a cumplir sus sueños. Amelia y Jake estaban felices.
 
                                 UN NUEVO CAPÍTULO - LOS VIAJES
 
Al quedarse solos Amelia y Jake, empezaron a planear su futuro. De ahora en adelante serían viajeros. Su primer destino sería Roma. Era una ciudad que Amelia no conocía. Jake había estado en un Civitavecchia. Un puerto importante, pero no había tenido tiempo de ir a la ciudad.
 
Al llegar al puerto, tomaron un tren que los llevaba a Roma. En Roma pasearon por el centro de la ciudad conocieron las plazas, y fuentes. Visitaron el Coliseo y el Mercado de Trajano. Luego admiraron las tres fuentes de la Piazza Navona, comieron helados y tomaron deliciosos cafés. Caminaron por la vía del Corso y lanzaron monedas en la Fontana di Trevi.
 
Al segundo día, visitaron la Basílica de San Pedro. Luego de allí tomaron un tren a Florencia. Visitaron museos y pasearon por los viñedos en La Toscana y se deleitaron con los vinos.
 
Tomaron un transporte que los llevó a Sicilia. Pasearon por la ciudad de Palermo y tomaron un tren a Chiavari. Disfrutaron caminando por las playas. Visitaron Cinque Terre y luego regresaron a Roma para tomar un vuelo y retornar a casa.
 
En casa empezaron a planear el siguiente viaje. Esta vez irían a un safari fotográfico al Parque Nacional  Kruger en Sudáfrica. Tomaron fotos de los leones elefantes, leopardos, rinocerontes y gran variedad de aves.
 
En un año hicieron dos viajes de ensueño. Eran felices y querían cumplir todos sus sueños.
 
Al año siguiente hicieron un crucero a Europa. Estuvieron por las islas de Chipre y todas las islas griegas. Un viaje de ensueño y de romance que nunca olvidarían.
 
El mismo año fueron a Paris, Londres e Irlanda.
  
                                        LA CABAÑA
 
Al regresar, decidieron que querían vivir en una cabaña en el bosque y consiguieron una hecha de troncos y piedra en un pequeño pueblo en Estados Unidos. Este era el último sueño por cumplir de ambos.
 
En la cabaña tenían una gran chimenea de piedra, los muebles eran de estilo rústico de madera, tenían todo lo que necesitaban.
 
En las mañanas tomaban café en el porche mirando al bosque y veían pasar venados en algunas temporadas. Cenaban a la luz de las velas y solo iban al pueblo una vez a la semana por víveres. Tenían la paz que siempre habían querido. Despertaban con el canto de las aves y ocasionalmente águilas.
 
Cerca a la cabaña había un lago. Iban a pescar al lago y hacían pícnic de vez en cuando.
Las ardillas jugaban en el porche y trepaban por los árboles que rodeaban la cabaña.
 
A un lado de la cabaña habían construido un invernadero y tenían vegetales que ellos mismos plantaban. Casi todo lo que comían era producto de su propia cosecha. Tenían un corral con pollos y gallinas y un establo con un par de caballos en los que daban largos paseos.
 
Sentían que habían logrado todo lo que soñaban.
 
                                      CRECE LA FAMILIA
 
Cuando menos se dieron cuenta, habían pasado 8 años desde que Marco se había ido a estudiar a Europa y aunque hablaban todas las semanas , no siempre podían visitarse.
 
Se veían todas las navidades y algunos días especiales para la familia.
Marco había llevado a casa de sus padres a su enamorada para algunas navidades. Ana había estudiado literatura con Marco y fue durante sus días de estudiantes que el amor fue creciendo.
 
Luego de 4 años como pareja, Marco había propuesto a Ana casarse. Ana había aceptado y estaban ahora a 3 meses de casarse.
 
Amelia y Jake estaban encantados con la idea. Marco había decidido junto a Ana que se casarían en su país para que sus padres pudiesen estar presentes y pudieran ayudar con la boda. Ana estuvo de acuerdo pues ella no tenía familia. Sus padres habían fallecido cuando era pequeña y ella había crecido en orfanatos y salido adelante sola. Estudió becada en la misma universidad en la que estudió Marco.
 
Ambos tenían trabajos de ensueño y vivían en un pequeño departamento en el centro de la ciudad.
 
Cuando decidieron casarse, también decidieron que tendrían 2 hijos, se mudarían a una finca a las afueras de Madrid.
  
                                        LA BODA Y…
 
Llegó el día de la boda y todo salió perfecto desde la ceremonia hasta la recepción. Estuvieron un par de semanas viajando por el país y luego volaron de regreso a España.
 
Amelia y Jack los visitaron un par de veces. Marco y Ana eran felices y cada que podían salían de la ciudad para buscar la finca de sus sueños.
 
En la tercera visita fueron a la finca a la que se habían mudado y que sería su hogar de toda la vida. La finca estaba hecha de piedra. Allí habían plantado árboles frutales, tenían pollos, y caballos para pasear por las praderas. Todos los muebles habían sido hechos por artesanos de la zona y eran de estilo rústico.
 
Ya en la finca Amelia y Jack se enteraron de que serían abuelos por partida doble. Ana estaba esperando mellizos.
Ana cocinó para todos y comieron en una mesa al aire libre.
 
Desde la mesa y casi desde todas las ventanas y balcones de la finca se podía ver los árboles, los campos, las flores y las montañas a lo lejos. El aire era limpio y fresco y el perfume de las flores inundaba los sentidos. Era un paraíso.
 
Marco y Ana habían construido una pequeña cabaña para Amelia y Jake a un lado de la finca.
 
La cabaña era de troncos, tenía una chimenea de piedra y estaba rodeada de flores. Era preciosa. Los muebles eran de estilo rústico al igual que los de la finca. Las cortinas eran tejidas a mano y había cojines por doquier.
 
Detrás de la finca estaban las caballerizas. Tenían 4 caballos.  Disfrutaban paseos por los campos y habían escogido un lindo lugar cerca al lago donde a menudo pasaban las noches viendo las estrellas.
 
                            LA SIGUIENTE GENERACIÓN
 
Llegó final mente el día. Todos fueron al pequeño hospital del pueblo. Luego de tres horas finalmente se escuchó la grandiosa melodía del llanto de dos muy saludables niños.
Tenían los ojos verdes de Marco y el cabello negro de Ana.
Los bebés habían sido muy esperados por todos. Serían la continuación del amor que siempre había unido a la familia.
 
A los tres días regresaron a la finca y desde que llegaron todo se iluminaba con cada mirada de los bebés. Marco se sentía bendecido y agradecido con lo que la vida le había regalado. Ana era la mujer más feliz del mundo. Tenía suegros que la querían como a la hija que no habían tenido y que amaba a su hijo tanto como ellos lo amaban.
Era una vida de fantasía con la que todos habían soñado.
 
Era la vida que Jake y Amelia habían soñado desde que se conocieron cuando eran pequeños y que en algún momento pensaron que no se haría realidad.
 
Creer en el amor para toda la vida, en el amor que sobrevive a las dificultades no es para todos. Solo los QUE están decididos a lograr hacer realidad sus sueños llegan a conocerlo y sentir que nada es imposible.
 
Que cuando de verdad se ama a alguien, el destino se encarga de unir esos corazones. Pero mantener viva la llama del amor es lo más difícil. Es un trabajo de toda la vida que da los frutos deseados al final.
 
 
                                               FIN
 

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